domingo, 8 de marzo de 2009

POEMAS

SILENCIO
Yo que crecí dentro de un árboltendría mucho que decir,pero aprendí tanto silencioque tengo mucho que callary eso se conoce creciendosin otro goce que crecer,sin más pasión que la substancia,sin más acción que la inocencia,y por dentro el tiempo doradohasta que la altura lo llamapara convertirlo en naranja.

SIEMPRE
Aunque los pasos toquen mil años este sitio,no borrarán la sangre de los que aquí cayeron.Y no se extinguirá la hora en que caísteis,aunque miles de voces crucen este silencio.La lluvia empapará las piedras de la plaza,pero no apagará vuestros nombres de fuego.Mil noches caerán con sus alas oscuras,sin destruir el día que esperan estos muertos.El día que esperamos a lo largo del mundotantos hombres, el día final del sufrimiento.Un día de justicia conquistada en la lucha,y vosotros, hermanos caídos, en silencio,estaréis con nosotros en ese vasto díade la lucha final, en ese día inmenso.

FINAL
Matilde, años o díasdormidos, afiebrados,aquí o allá,clavandorompiendo el espinazo,sangrando sangre verdadera,despertando tal vezo perdido, dormido:camas clínicas, ventanas extranjeras,vestidos blancos de las sigilosas,la torpeza en los pies.Luego estos viajesy el mío mar de nuevo:tu cabeza en la cabecera,tus manos voladorasen la luz, en mi luz,sobre mi tierra.Fue tan bello vivircuando vivías!El mundo es más azul y más terrestrede noche, cuando duermoenorme, adentro de tus breves manos.
Autor: Pablo Neruda

SONETO LXVI
No te quiero sino porque te quiero y de quererte a no quererte llego y de esperarte cuando no te espero pasa mi corazón del frío al fuego.
Te quiero sólo porque a ti te quiero, te odio sin fin, y odiándote te ruego, y la medida de mi amor viajero es no verte y amarte como un ciego.
Tal vez consumirá la luz de Enero, su rayo cruel, mi corazón entero, robándome la llave del sosiego.
En esta historia sólo yo me muero y moriré de amor porque te quiero, porque te quiero, amor, a sangre y fuego.


Tu risa
Quítame el pan, si quieres, quítame el aire, pero no me quites tu risa.
No me quites la rosa, la lanza que desgranas, el agua que de pronto estalla en tu alegría, la repentina ola de plata que te nace.
Mi lucha es dura y vuelvo con los ojos cansados a veces de haber visto la tierra que no cambia, pero al entrar tu risa sube al cielo buscándome y abre para mi todas las puertas de la vida.
Amor mío, en la hora más oscura desgranatu risa, y si de pronto ves que mi sangre mancha las piedras de la calle, ríe, porque tu risa será para mis manos como una espada fresca.
Junto al mar en otoño, tu risa debe alzar su cascada de espuma, y en primavera, amor, quiero tu risa como la flor que yo esperaba, la flor azul, la rosa de mi patria sonora.
Ríete de la noche, del día, de la luna, ríete de las calles torcidas de la isla, ríete de este torpe muchacho que te quiere, pero cuando yo abro los ojos y los cierro, cuando mis pasos van, cuando vuelven mis pasos, niégame el pan, el aire, la luz, la primavera, pero tu risa nunca porque me moriría.
AUTOR: PABLO NERUDA

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